miércoles, 22 de julio de 2015

El inminente colapso y nuestra respuesta Algunos apuntes para el futuro inmediato de las luchas en la Venezuela petrolera

Rodolfo Montes de Oca

Las industrias de la mercadotecnia y la publicidad han exprimido hasta lo inimaginable la supuesta existencia de una profecía maya sobre el fin del mundo, profecía que debió cumplirse en el 2012. Pero ¿qué tan verídico es ese vaticinio? ¿Es cierto que los mayas y los mexicas predijeron nuestro fin? ¿Cómo es posible que una civilización vaticine el fin de otra?

Estas preguntas, que parecen albergan un gran misterio, es un axioma que solo responden a una constante de la humanidad, que se basa en el perpetuo colapso de las mega-estructuras urbanísticas y de desarrollo que ha experimentado el hombre desde hace 2000 años. El historiador británico Arnold J. Toynbee en su Magnus Opus “Estudio de la historia” determina de una forma sistemática el colapso de 21 sociedades complejas en el mundo, desde los sumerios hasta los mayas, todas las grandes sociedades sedentarias han experimentaron el colapso social y la nuestra no será la excepción.   

¿A las puertas de un nuevo colapso?
Los historiadores mesoamericanos han llegado a la conclusión de que los centros mayas más avanzados en las tierras bajas del sur de Centroamérica entraron en un proceso de declive durante los siglos VIII y IX. En términos arqueológicos, este descenso fue indicado por el cese de las inscripciones en los monumentos y una reducción de obras de construcción de arquitectura a gran escala. Durante una breve investigación se identificaron unas 88 teorías, que intentan explicar el colapso maya del periodo clásico; sin embargo dos de esas teorías son las que nos interesa para nuestra perspectiva antiautoritaria que son la de la revuelta social y la del derrumbe del sistema ecológico.

De acuerdo con la evidencia arqueológica, las obras de construcción y de expansión de los mayas estaban en su apogeo a partir del 730 al 790 DC., con constantes ampliaciones y obras de construcción sin ningún tipo de máquinas o herramientas para ayudarlos en estas obras. Durante este mismo período aparecieron señales que presagiaban el colapso de la civilización maya. La mayor parte de la carga del trabajo pesaba sobre los trabajadores campesinos en ciudades tales como Tikal y Copán, donde se realizaron proyectos de construcción aparentemente interminables, construyendo grandes templos faraónicos y campos de juegos de pelota.

Una teoría apoyada por J. Eric S. Thompson atribuye el colapso maya a una revolución por parte de las clases sociales bajas de la sociedad maya. De acuerdo con esta línea de pensamiento, mientras la vida se hizo más difícil, se inició el proceso de “socavar el desarrollo religioso y la empresa colectiva de la gente común”. El aumento de la carga de trabajo puede haber provocado la población a abandonar sus valores tradicionales y a rebelarse contra la élite de la sociedad, específicamente contra los sacerdotes-gobernantes, ya que se creía que los mayas eran teocráticos y por lo tanto gobernados por sacerdotes.

Esto podría ayudar a explicar el colapso abrupto de las funciones de élite, así como los edificios y centros ceremoniales que quedaron sin terminar. Como el colapso de diferentes ciudades se produjo en diversas ocasiones, se cree que las revueltas de los distintos grupos fueron parte de una serie de acciones no-planificadas e impulsivas. En la ciudad de Piedras Negras, por ejemplo, parece que hubo algún tipo de violencia durante este período considerando que hubo incendios en varios edificios de palacios y que un trono quedó destruido.[1]

Desde la otra perspectiva tenemos algunas teorías ecológicas del declive maya, enfocándose en el agotamiento de recursos y el deterioro de las condiciones agrícolas en el Clásico Tardío. Originalmente se pensaba que la mayor parte de la agricultura maya dependía del sencillo sistema de tala y quema. Con base en este método agrícola, Orator F. Cook propuso en 1921 la hipótesis del agotamiento de los suelos para explicar el colapso maya. Esta hipótesis del agotamiento de la tierra está asociada con la erosión, la agricultura intensiva y la competencia de pastos de sabana.

Sin embargo, estudios recientes han demostrado que los mayas utilizaron una compleja variedad de técnicas agrícolas intensivas, explicando la alta población de las ciudades-estado mayas en el periodo Clásico. Los arqueólogos modernos ahora reconocen las sofisticadas y productivas técnicas de la agricultura intensiva practicada por los antiguos mayas, y varios de los métodos agrícolas mayas aún no han sido reproducidos. Los métodos de agricultura intensiva fueron desarrollados por todas las culturas mesoamericanas para aumentar su producción de alimentos y darles una ventaja competitiva sobre los pueblos menos hábiles.[2]

Estos métodos de agricultura intensiva incluían canales, terrazas, camellones, chinampas, el uso de heces humanas como fertilizante, pantanos estacionales o bajos, usando lodo de los bajos para crear campos fértiles, diques, presas, sistemas de riego, depósitos de agua, varios tipos de sistemas de almacenamiento de agua, sistemas hidráulicos, sistemas de recuperación de tierra pantanosa, agricultura itinerante, y otras técnicas agrícolas que aún no han sido plenamente comprendidas.[3] La evidencia propuesta para el colapso ecológico sistémico incluye la deforestación, la sedimentación y la disminución de la diversidad biológica.

El sedentarismo también permite una abultada expansión de la población de la sociedad y de sus instituciones sociales. El comercio a largas distancias, la domesticación de la flora y la fauna, el incremento de la especialización de las tareas así como la estratificación de la sociedad son los atributos más prominentes de una sociedad sedentaria. Este tipo de sociedades, por el contrario de las nómadas cazadoras-recolectoras, no se encuentran auto-limitadas y a menudo desembocan en la sobre-utilización y dominación del territorio en el cual están asentadas. A medida que la población crece, el rendimiento decreciente de varios suministros alimentarios comienza a amenazar la complejidad social.

Como los mayas, otras civilizaciones americanas han conocido el colapso social ligadas a menudo al sedentarismo; es decir que las organizaciones sociales sedentarias ocasionalmente alcanzan el agotamiento de importantes recursos no renovables o de lenta renovación (en la mayoría de los casos), lo que lleva inexorablemente a la rebelión de las poblaciones explotadas.

Cuando leemos todo esto y nos retrotraemos al presente, encontramos una similitud entre el modelo de desarrollo del mexicano moderno y la sociedad maya basadas en las políticas de depredación ambiental y trabajo forzado, pero añadiendo el  extractivismo energético, el comercio desigual con el  norte y  la liberalización de le economía. Todo esto amparado bajo la figura de dirigentes, sacerdotes y “guerreros” a sueldo.       

Abonando el terreno para el cambio radical
En 1989 el ingeniero y tecnócrata Richard Duncan publicó un trabajo llamado “La teoría de pulso-transitorio de la civilización industrial[4], que más tarde, en el año 1996, renombraría como "La Teoría de Olduvai: ir cayendo hacia una era post-industrial de la edad de piedra", donde adoptó el término “Teoría de Olduvai” inspirándose en el sitio arqueológico llamado la Garganta de Olduvai.[5]

La teoría de Olduvai establece que la civilización industrial actual tendría una duración máxima de cien años, contados a partir de 1930 hasta 2030. Iniciando la transición en el año 2007 cuando la producción mundial de energía per cápita empezaría a disminuir hacia debido a un descenso de las tasas de extracción de combustibles fósiles por agotamiento al mismo tiempo que crece la demanda por el aumento de la población. Esto causaría un colapso social y económico catastrófico en los años siguientes y poco a poco la humanidad iría a niveles de civilización comparables a otros anteriormente vividos, culminando dentro de unos mil años (3000 d. C.) en una cultura basada en la caza, tal y como existía en la Tierra hace tres millones de años, cuando se desarrolló la industria olduvayense de la prehistoria africana; de ahí el nombre de esta teoría.

¿Pero es necesario esperar el eminente colapso del mundo occidental para empezar a vivir el nuestro?, no lo creo, hoy en día existen múltiples formas de llevar nuestra resistencia como jaguares en la urbe, como es el decrecimiento voluntario, la guerrilla gardening, el uso alternativo de los desechos, la construcción de espacio, despacio pero sin pausa, la consolidación de la afinidad con nuestros compañeros, la masificación de redes de contra-economía, los medios ecológicos de trasporte, la acción directa cotidiana, comunalismo con los nuestros y ejercicio ético de la “tomo del montón”, la negación siempre de los cabecillas, mandones y demás malandrines prepotentes, en fin… los medios siempre están, solo basta que retomemos a una vida más sencilla de coexistencia horizontal.

Un factor importante de este proceder en las vísperas del colapso, es acercase a los remanentes de los pueblos originarios que supieron sortear el hundimiento del imperio maya y que hoy se llaman Tzeltal, Tzotzil, Tojolobal, Mame, entre otros; cuyo carácter levantisco siempre ha estado presente en la historia nacional y que no solo ha perdurado en el tiempo al peor genocidio de la historia que represento la colonización anglo-ibérica del extenso territorio de las Américas, sino la propia construcción republicana de las castas mexicanas.

El presente es turbio, por ello hay que volver al pasado y retornar el camino a casa, el colapso de la civilización occidental es eminente y la Venezuela rentista no será la excepción; por eso debemos hacer peso mancomunado para ir allanando el sendero hacia la construcción antiautoritaria de una existencia más humana, libre e igualitaria.



[1] Stuart, Gene (1993). Lost Kingdoms of the Maya. Washington, DC: National Geographic Society.
[2] Dunning, Nicholas, Sheryl Luzzadder-Beach, Timothy Beach, John G. Jones, Vernon Scarborough, and T. Patrick Culbert (2002). Arising from the Bajos: The Evolution of a Neotropical Landscape and the Rise of Maya Civilization. Annals of the Association of American Geographers (Washington, DC: Blackwell Publishing) pp. 267–283.
[3] Demarest, Arthur (2004). Ancient Maya: The Rise and Fall of a Rainforest Civilization. Case Studies in Early Societies, No. 3. Cambridge: Cambridge University Press
[4] Duncan, Richard (1989). Evolution, technology, and the natural environment: A unified theory of human history. Proceedings of the Annual Meeting, American Society of Engineering Educators: Science, Technology, & Society.
[5] Duncan, Richard (1996). The Olduvai Theory:Sliding Towards a Post-Industrial Stone Age www.dieoff.org.

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