domingo, 9 de marzo de 2014

Opinión: Avivando las llamas del descontento, ideas anarquistas para la coyuntura

Curare

Para los antiguos griegos la palabra “Crisis” era usada para designar una coyuntura de cambios en una realidad, organizada pero inestable, sujeta a evolución constante;  crisis pueden designar un cambio traumático en la vida de una persona o una situación social inestable y peligrosa en lo político, económico, militar, etc.

Desde el pasado 4 de febrero del presente año, Venezuela y con especial énfasis los estados fronterizos de Mérida, Táchira y Trujillo, se viene generando un proceso de protestas espontáneas de los sectores populares y medios de la población, que tuvo su génesis en las agresiones sexuales vividas por una joven dentro del campus de la UNET, y que a devenido en una verdadera crisis y quiebre dentro de la vitrina de inclusión social con que ha pretendido venderse el  modelo bolivariano. 

Las razones de la protesta son una extensa amalgama de demandas sobre salud, vivienda, abastecimiento y seguridad social sin ningún programa político; estas movilizaciones que recuerdan a muchos los “motines de subsistencia” que se escenificaron en las sociedades pre-capitalistas, tuvo su replicante días después en Caracas con la movilización del 12 de febrero y sobre la cual de forma infructuosa a querido capitanear el partido Voluntad Popular de Leopoldo López y María Corina Machado.

Pero estas expresiones de desobediencia rápidamente han superado a los partidos políticos de oposición y se han regado como un polvorín sobre toda la geografía de Venezuela, para el momento del cierre de edición de este periódico, tenemos 18 personas muertas, más de 970 detenidos, decena de torturados e innumerables movilizaciones, trancas y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad estatal.

Todo este escenario produce un manojo de interesantes reflexiones y de situaciones en la cual los anarquistas de Venezuela debemos incentivar, volcando toda nuestra rabia creadora y verbo incendiario para seguir avivando las llamas del descontento.

Ningún contenedor ideológico
Uno de los elementos fundamentales de la crisis que experimenta actualmente Venezuela, es el maniqueísmo con el cual los medios oficiales de comunicación están documentando la algarada popular, haciéndose ecos de un supuesto “golpe de estado” y presentado a los adversarios como “fascistas, oligarcas y gente de extrema derecha”.

Nada más alejado de la realidad, que esta dualidad cristiana del gobierno, presentado a la disidencia como un plan orquestado que solo busca destruirlo para instaurar en Venezuela una dantesca magistratura corporativista, que no tiene cavidad en la mentalidad de aquellos jóvenes que desde hace días respiran gases tóxicos en los piquetes.

Este vacío de contenido, solo busca coaccionar a la izquierda internacional en torno a un gobierno que usa la fraseología ultra-revolucionario, pero que hace negocios con trasnacionales y sobre la cual se ha constituido una casta de magnates conocidos como los Boliburgueses, y sus homólogos juveniles, conocidos como los Bolichicos. 

Esta señalización busca jugar con la clásica teoría de los contrapuestos; cristianos-herejes, patriotas-realistas, liberales-conservadores, buenos-malos, izquierda-derecha, adecos-copeyanos, chavistas-antichavistas, que solo responde a una simplificación de las complejas dinámicas de la sociedad venezolana y que no recogen la pluralidad de actores emergentes que se han generado en la crisis de febrero.

Es por ello, que lo/as anarquistas debemos romper los falsos contenedores ideológicos y los prejuicios que nos ha impuesto las perspectivas euro-céntricas y estatales; debido a esto es necesario ir al encuentro de esa Venezuela profunda que se proyecta en cada motín, enlazar las manos del amotinado y explayarnos en nuestros principios para así ir generando entropía con los hastiados que hoy se manifiestan en la plenitud de su inmenso malestar.

Asumir nuestro rol en la crisis
Durante los sucesos de la Comuna de Oaxaca de 2006, lo/as anarquistas mexicanos de las múltiples tendencias que componen nuestra corriente histórica, formaron parte activa del proceso de insurrección que tuvo su origen en las movilizaciones de los trabajadores de la educación y que rápidamente mutaron a una serie de reinvidicaciones político-sociales que se resumían en el grito de “Ulises vete ya”.

De la mano de campesinos, profesionales, trabajadores urbanos, zapatistas, ecologistas, marxistas de todos los cuños y habitantes de la urbe, lo/as anarquistas se destacaron llevando su verbo radical y propuestas de lucha a las barricadas que colapsaban la ciudad; Así fue como brotaron las ocupaciones de espacios, las radios alternativas, los mecanismos de autodefensa, el asamblearismo y sobre todo las decisiones desde la base, que hicieron de este paupérrimo estado maya un epicentro de las luchas por la libertad. 

Esta historia es el curso natural de todos aquello/as que luchamos por una transformación radical de las actuales condiciones de vida por una coexistencia pacifica donde la autoridad y el capital sean solo fósiles de un naufragio. 

Los hechos y lugares donde los anarquistas asumimos un rol de apoyo y solidaridad con las legitimas arrecheras colectivas son muchos: Seattle-1999, Praga-2000, Buenos Aires-2001, Oaxaca-2006, Atenas-2008, Estambul-2013, son algunos de los lugares donde se erige la bandera negra y se configura un mapa de resistencia contra poder.

En el contexto de Venezuela y sobre todo de Caracas, las manifestaciones han tenido un componente divisorio y clasista que no tienen sus predecesores, la percepción local y mundial de que las movilizaciones se han desarrollado por el aliento de “grupos de extrema derecha” se ha instaurado en la opinión de muchos anarquistas, cuando la verdad es que en las barricadas abunda tanta diversidad como peces en el mar.

Para los que hemos visto de cerca el desarrollo de las movilizaciones, en las mismas, participa todo tipo de gente desde “proletarios mala gente” hasta “burgueses buena vaina” pasando por ecologistas, iracundas amas de casas, estudiantes, buhoneros, taxistas, hippies, buenos para nada, lumpen de todas las estirpes, pavos, trabajadores, profesionales, perros, impúberes y un sinfín de odiosos estereotipos que seria imposible nombrar.

Todos ellos, comparten algo en común que es la del rechazo del modelo actual, que se expresa en demandas como el desabastecimiento, la pauperización de la vida, carestía en la salud publica, la inseguridad, la inflación, el control cambiario, los excesos totalitarios del GPP y la silente complicidad de los partidos políticos de oposición, a los cuales consideran parte inherente del problema. Es por ello que en esa pluralidad de incordios es donde lo/as anarquistas debemos insértanos con una propuesta clara y practica de puntos en común con los movilizados.   

Hacia la construcción de un programa de lucha en común
Para los que vivieron el proceso de luchas populares que dieron al traste con el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez en la década de los noveta, confluyeron en una sola consigna que se resumía en la “lucha contra el paquete económico” que fue sugerido por el FMI/BM a la primera magistratura en manos de de los IESA Boys.

Esta sistematización de la luchas en una sola consigna permitió que muchos actores y una multiplicidad de demandas (pasaje estudiantil preferencial, represión policial, defensa de los derechos humanos, etc.) se expresaran en una sola y sonara consigna.

En el caso actual la lucha es mucho más compleja, dinámica y  pero sin embargo te damos una serie de demandan concretas, reagrupadas por temas de relevancia:

  • Económicas: Cese del pago de la deuda externa a los acreedores chino y del subsidio a los países caribeños, exoneración del IVA como impuesto regresivo que afecta solo a la comunidad, disminución del debito bancario para operación de retiro de efectivo, fomentar las redes solidarias de intercambio de bienes transables, promover la constitución de los Comités pro-abaratamiento de la subsistencia.
  • Social: Hacer énfasis en que la lucha es de los ciudadanos y no de los partidos políticos, rechazar de cuajo las salidas militaristas que no conducirán a ningún lado, exigir la supresión de la Ley Antiterrorista y la Ley de la Defensa de la Nación.
  • Comunicación: Generar contenido antiautoritario en las movilizaciones, así como promover e incentivar la construcción de nodos de comunicación independiente a través de la diferentes redes sociales como Twitter, Facebook, Blogger, Tumblr, Youtube e Instagram, donde la gente pueda documentar lo que esta ocurriendo.
  • Movilizaciones: Demandar la disolución de los grupos parapoliciales, exigir que no se usen gases lacrimógenos y perdigones para dispersar las protestas tal y como lo exige la normativa legal, fomentar el apoyo mutuo y solidaridad con los detenidos, incentivar la acción directa en las protestas,  instruir a los manifestantes en el uso correcto de las redes sociales y en sus derechos humanos, combatir en las movilizaciones a los partidos políticos de la MUD y  las corrientes filofascistas como los grupos ORDEN, Renacer Nacional y Operación Libertad, promover el anonimato para evitar ser objeto de persecuciones políticas.

Este apoyo a la protestas, no significa una claudicación de nuestro fin ultimo, la anarquía, todo lo contario, el teórico turco Cornelius Castoriadis, hacia una distinción entre lo que es un programa y un proyecto político: el primero es una concreción provisional de los objetivos del proyecto en torno a unos puntos juzgados esenciales en las circunstancias dadas, en tanto que su realización conllevaría o facilitaría, por su propia dinámica, la realización del conjunto del proyecto. Es decir, que el programa de participar como agentes activos dentro de las protestas con este cúmulo de demandas, contribuye de forma positiva en la concretización de nuestro proyecto para el momento actual que es el de promover la beligerancia dentro de los movimientos sociales y rescatar su autonomía para así construir un tejido social insurgente que se constituya en contrapoder frente al estado venezolano.

Por la consolidación de una “minoría combatiente”
Después de una década de silencio y de trayectoria electoral, las protestas que se han generado en Venezuela después del 4 de febrero, han sido espontáneas y cargadas de una radicalidad y resistencia por parte de los manifestantes no evidenciada en la región desde hace años; el uso de capuchas y de mecanismos de aguante ante las envestidas gubernamentales ha sido una constante en las protestas y piquetes diarios que se dan en diferentes ciudades.

Lo/as anarquistas tenemos una erudición en desobediencia y en temas de entereza a la autoridad que pocos movimientos sociales en la región tienen, por ello es fundamental que nos solidaricemos con los manifestantes y que empecemos articular propuestas con los manifestantes, es decir, a ganarnos nuestro espacio dentro de la protesta popular.

Es por ello, que desde los sucesos del 12F, se ha venido manifestando un grupo de anarquistas en diferentes piquetes, buscando articulas propuestas con otros conjurados para la consolidación de lo que denominamos “una minoría combatiente”, es decir, un grupo informal que practique la gimnasia revolucionaria en un contexto propicio para ir germinando una ofensiva contra nuestros enemigos históricos. El llamado es a seguir enlazando y preparado a esta guerrero/as por la libertad.

Colofón de unas propuestas
Las movilizaciones populares que se han venido generando han dejado al descubierto un atroz estado totalitario que esta dispuesto a subyugar cualquier vestigio de resistencia a su proyecto populista y hambreador, como lo deja en evidencia el uso excesivo de las fuerzas antidisturbios y los grupos paramilitares contra la población civil.

Sus burdos montajes y la manipulación de información de la cual se han hecho eco los medios de comunicación solo nos dejan el agrio sabor en el paladar de estar en presencia de una nueva fase del proceso bolivariano. Es por ello, que como anarquistas nuestra situación debe ser siempre la de estar al lado del agredido por el poder constituido, esto implica estar presentes en las protestas populares y en las barricadas callejeras que se están dando en diferentes ciudades del país.

Combatamos desde ya, cualquier pretensión de los políticos de oposición de cooptar la legítima arrechera de la población, avancemos sin piedad contra la tiranía existente y breguemos nosotros mismos por nuestra libertad y por la construcción autónoma de un verdadero contrapoder en cada barricada. Desechar toda vía electoral o militar para el descontento social, construir y consolidar a través de la acción directa el contrapoder de los de abajo para que sepan que nuestra única salida es la autonomía.

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